Marvin Santiago

Marvin Santiago “El Grifo de Canales”, “El Sonero del Pueblo”, muere el 6 de octubre del año 2004 a causa de un paro cardíaco respiratorio en el Hospital San Pablo del pueblo de Bayamón, en Puerto Rico, a la edad dr 57 años. Carismático Sonero de Bandas como: “Cortijo y su Combo”, las Orquestas de Johnny “El Bravo” López, Roberto Angleró, Bobby Valentín, “La Primerísima de Puerto Rico”, y su propia Orquesta.

Nació en la Parada 22, en Santurce el 26 de diciembre de 1947. Su infancia transcurrió entre las calles Sánchez y Bolívar, aledañas a dicho sector. A los 13 años se fue a vivir con su familia al edificio 42 del Residencial Público Nemesio R. Canales. Allí transcurriría su adolescencia y temprana adultez. De aquella época data su apodo familiar “Marvelouski” y fue allí donde dio sus primeros pasos musicales integrando el Conjunto Los Trotamundos, organizado por el trompetista y profesor de música Roberto Valdés Pizarro en 1965. Hasta entonces, dividía su tiempo trabajando en la cafetería de un periódico de la época, ya desaparecido, llamado “El Mundo”, y practicando el béisbol.




En 1967 conoció al compositor Tite Curet Alonso. Éste lo llevó a participar en una audición convocada por Rafael Cortijo, quien precisaba de otro vocalista para su Combo, llamado en ese entonces “Cortijo y Su Bonche”. Pasó la prueba con honores improvisando sobre el tema “Dominó”. Durante su pasantía por dicha agrupación tuvo la oportunidad de grabar por primera vez “Ahí Na´Ma´”, editado a principios de 1969, y que fue el álbum que marcó su debut discográfico. Interpretó los temas “La Campana del Lechón” y “Vasos en Colores”, este último, original de Hugo González, constituyó el primer éxito que se escuchó en su voz. Ya con la grabación de su primer trabajo y el repertorio dominado, Marvin viajó al lado de Cortijo y el Combo a Santo Domingo y a Nueva York, donde realizaron varios espectáculos. Durante una de las tantas giras que realizó con Cortijo por Los Estados Unidos, Marvin decidió permanecer en la ciudad de Chicago por otros tres años, separándose así de Cortijo. En dicha metrópolis trabajó con La Gran Sonora del trompetista Felipe “Ipe” González y con Gilberto y Su Sexteto. Con este conjunto grabó el que fuera su segundo LP. Ya avanzado 1970 regresó a su patria. Entonces trabajó brevemente con la orquesta de Johnny “El Bravo” López y, luego, con el “Combo Candela” del cantante y compositor Roberto Angleró, siendo con esta formación que, en ese año, por tercera vez, participó en la grabación de otro álbum, “Chán con Chán” fue el tema que vocalizado por él llegó a la radio.

Su ascenso a la fama, sin embargo, tuvo como punto de partida su vinculación, reemplazando a Frankie Hernández, en la banda del Bajista Bobby Valentín a fines de 1970. Del primer disco que grabara con esta organización, “Rompecabezas”, en el que vocalizó los diez temas incluidos, surgieron cuatro éxitos: “Amolador”, “Beso Borracho”, “Papel de Payaso” y “Vete pa’llá”. En 1972, grabó el que sería un clásico, “Soy boricua”, cuyo tema titular, escrito por Angleró, jamás ha perdido vigencia. Sus siguientes producciones con Valentín bajo el amparo de Fania Records fueron “Rey del Bajo” en 1973; “In Motion”, en 1974 y la recopilación “Best of Marvin & Bobby”, lanzada en 1976. Sin embargo, en el ínterin (1975) fue el cantante estrella de los dos históricos volúmenes de “Bobby va a la Cárcel”, que no sólo significaron las primeras grabaciones discográficas realizadas en una institución penal puertorriqueña, la Penitenciaría Estatal, sino que también marcaron el nacimiento del que sería el importante sello musical Bronco Records, fundado por el mismo Bobby Valentín.

Desafortunadamente, este glorioso ciclo no tuvo un final feliz, pues por causa de la indisciplina que desarrolló Marvin como consecuencia de su adicción a los narcóticos, el líder de la orquesta se vio precisado a sustituirlo, entregándole al vocalista Luigi Texidor la posición que había ocupado triunfalmente durante un lustro. El adiós fue antecedido por el disco “Afuera” que incluyó el exitazo “El jíbaro y la Naturaleza”, original de Eladio Jiménez. Aunque los problemas con la drogadicción lo perseguirían durante varios años más, Marvin Santiago aún tuvo condiciones para participar en el primer álbum de la Puerto Rico All Stars, en la producción colectiva “De los Soneros” y de agotar una temporada con la orquesta de Tommy Olivencia.

En 1979, el brillante pianista y arreglista Jorge Millet lo vinculó a la etiqueta TH Records, luego TH Rodven, propiciando así su etapa consagratoria. “Fuego a la Jicotea” marcó su lanzamiento como solista, y ante el impresionante impacto de selecciones como “La Buruquena de Doña Inés” y la que sirvió de título al disco, su productor Millet le estampó el calificativo que lo identificaría hasta el final de sus días: “El Sonero del Pueblo”. Luego de tan halagador debut, se acreditó nuevos Discos de Platino con sus siguientes producciones: “Tiburón de Agua Dulce” y “Caliente y explosivo”, ambas editadas en 1980.




Pero la brillante carrera de Marvin Santiago tampoco fue ajena, a la desgracia que muchas veces la fama suele traer consigo. Encontrándose en la cúspide de la popularidad, justo a las 7:00 de la noche del 22 de septiembre de 1980, tras ser declarado culpable de posesión y tráfico de drogas, fue sentenciado a diez años de prisión, condena que se le reduciría considerablemente por su buena conducta, hecho que, jocosamente, siempre atribuiría a haberse enviciado con otra droga más poderosa que la heroína: la “Cristomicina”, refiriéndose al hecho de haber abrazado la fe cristiana con vehemencia en esta difícil etapa de su vida. Ingresó a la Cárcel Regional de Bayamón, luego, en diciembre de 1981, fue trasladado a la Penitenciaría de Miramar, donde se destacó como líder recreativo.

En 1982 lo mueven al Campamento Correccional de Guavate y funda el grupo Confinado en Acción y Prevención (CAP), con el que se dedicó a visitar escuelas públicas para orientar a los jóvenes sobre las consecuencias del uso de drogas. En 1986 salió de la cárcel bajo el Programa de Probatoria hasta 1987 cuando concluyó su sentencia.

En una entrevista que Marvin concedió al referirse a su paso por la prisión manifestó: “Yo caí preso pero estaba “pegao”. Perdí la libertad de la calle al estar preso, pero espiritualmente me liberaron de la esclavitud que tenía con la droga. Aprendí en la cárcel que de nada me servía tener fama, chavos(dinero) y estar en la droga, porque eso no era vida”, afirmó. Aun cuando la acusación que pesó en su contra fue por posesión y distribución de drogas, el cantante aseguró que el caso “fue fabricado”. “Yo no vendía drogas, pero la policía decía que yo tenía contacto con los muchachos de la droga y los conocía porque los mencionaba en mis discos y querían callarme”, confesó. “El Sonero del Pueblo” recordó el momento en que llegó a la cárcel y las palabras que le infirió el guardia penal que lo recibió. “Te apagaron, Marvin”, y él le contestó “No, yo estoy flasheando, estoy prendido todavía”. Al poco tiempo de ingresar a la cárcel, Marvin aseguró que se desvinculó de la droga, rompió su adicción y se convirtió al Evangelio.

Su reclusión, sin embargo, no frenó su imparable estela de éxitos y conoció la fama en prisión. En 1981 se convirtió en el primer cantante solista en realizar una producción discográfica encontrándose recluido privado de la libertad, “Adentro”, grabado en vivo en la Cárcel Regional de Bayamón, cuyos temas cuentan, en su mayoría, incidencias de la vida en prisión. En este disco se incluyen piezas como “Nostalgia”, “La Libertad” y “Auditorio Azul”, los cuales rápidamente se hicieron populares. Uno de sus éxitos más inusitados lo constituyó precisamente el mencionado “Auditorio azul”, el cual hace referencia al color del uniforme de los presos y que grabara mientras estuviera confinado, convirtiéndose en el único recluso en dar conciertos, grabar y viajar fuera de Puerto Rico en esa condición social. Todo el álbum es considerado como uno de los mejores trabajos musicales de la Salsa Clásica. Considerado como un ejemplo de superación para los presos, Marvin también tuvo la oportunidad de hacer presentaciones públicas y hasta llegar a viajar, anteponiéndose a las críticas de sus detractores quienes lo acusaron por sus privilegios. Luego de “Adentro”, y aún en la cárcel, el salsero produjo los discos “El Hijo del Pueblo” (1982) y “El sonero del Pueblo” (1985). Después le siguió “Oficial, pero con Tremenda Pinta” (1986), mientras cumplía Probatoria, al igual que “Bregando con lo Mejor” (1988), “Al Filo del Pantalón” (1990), “Donde lo Dejamos” (1992) y “El Epílogo de Toño Bicicleta” (1995).

En 1992, su antiguo líder y mentor, Bobby Valentín, volvió a reclamarlo para la grabación del álbum “Donde lo dejamos”, porque, según éste manifestaría reiteradamente, su vasta legión de seguidores así se lo reclamaba. Esta reunión volvería a repetirse en el disco “35 aniversario”, editado una década más tarde (2002). Antes, en el 2001, fue invitado a la conmemorativa del “40 aniversario”, de la orquesta de Tommy Olivencia.

El “Sonero de Cristo”, tal y como se identificaba ante todos durante sus últimos años, falleció el 6 de octubre de 2004, a la edad de 56 años, al lado de su inseparable esposa Sandra Pagán, en el hospital San Pablo de la ciudad de Bayamón en su natal Puerto Rico a causa de un infarto posterior a múltiples complicaciones de la diabetes que lo atormentaba desde hacía algún tiempo y que lo llevó a que el 6 de agosto de 1996 le amputaran la pierna derecha. Igualmente, había confrontado problemas con la vista, además de haber sufrido previamente dos infartos cardíacos en noviembre de 2002 y febrero 2003, asimismo, había padecido de fallo crónico renal con función residual por lo que debía someterse a ocho horas de diálisis peritonial diariamente en los últimos días de su vida.




El viernes 12 de marzo de 2004, Marvin Santiago había vivido la que denominó “la noche más feliz de mi vida” cuando fue objeto de un lucido y emotivo homenaje en el Anfiteatro Tito Puente, dentro del marco del espectáculo “Tributo al Sonero del Pueblo”, al que se unieron los cantantes Andy Montañez, Oscar D’León, Domingo Quiñones, Luisito Carrión, Wichy Camacho, Henry Santiago y Victoria Sanabria. Éstos, al igual que él, fueron acompañados por la Puerto Rican Masters, orquesta integrada por los virtuosos más reconocidos del país, bajo la dirección del trompetista Luis “Perico” Ortiz. Todo el repertorio interpretado fue el consagratorio de Marvin. Por otro lado, dicha velada fue filmada y grabada para ser editada en formato de vídeo y en un disco compacto por AJ Records.

Marvin Santiago, “El Sonero del Pueblo”, pertenece a la generación de salseros clásicos, que desarrolló su propio estilo de cantar y de sonear, pues dió su toque al sonido de su fuerte voz, con ello y su carácter jovial, sus toques humorísticos, la gracia que derrochaba en cada una de sus presentaciones y sus expresiones propias, como: ¡Bayamóntate!, ¡Barranquítate!, ¡Vegabájate! y el muy boricua ¡Ave María!, escribió una gran página musical en el firmamento salsero de Puerto Rico y de todo el mundo, la cual, sin duda, hará que viva para siempre en la memoria y en el corazón de sus compatriotas y de todos los amantes de su inmenso legado musical.

Jamás será olvidado su legado y su recuerdo quedará latente en la memoria de los salseros, hasta el fin de los días. Temas como: “Cinco Hijos”, “El Hombre Increible”, “El Pasajero”, “Me Mata O Lo Mato”, “Hipo De Conejo”, “Fuego Al Cubo”, “Carro Viejo y Mujer Fea”, “Hay Craneo” y muchos otros mas, son sonados por los amantes del género, en cada una de sus actividades cotidianas, por su particular estilo. Marvin, mostró a capacidad, una manera de sonear, impecable, un dominio de escenario, único, y una rima sin igual.

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